En Bolsa hay que saber arrepentirse

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Estos días en los que escribo pequeños artículos con toda la sabiduría que consigo extraer del escrito de José De La Vega de 1648, no hago sino engancharme (aún más) a mi trabajo: a las inversiones y la Bolsa. Sea con tahúres, locos o sinvergüenzas, lo que está claro es que es un sitio muy divertido . Hoy, quiero hablarte de lo necesario que es tener la frente en alto y saber cuándo agachar la cabeza.

“¡Tahúres!” Así es como concibe el escritor a la mayoría de personas que invierte en Bolsa, es decir, jugadores astutos y tramposos, algo así a como se ha pintado desde siempre a los especuladores. Lo que no sé es cómo no los ilustra con tres cabezas, cuatro brazos y expulsando fuego por la boca, total, ¿qué se puede esperar de alguien que participa en un negocio tan indigno? (Esta referencia se entenderá mejor tras leer uno de los próximos artículos de esta serie: “Yo nunca invertiría en Bolsa”).

Aunque quizás lleve algo de razón, ya que en la Bolsa tiene mayor efecto la esperanza de lo que ocurrirá que lo que ocurre realmente. Por tanto, no es de extrañar que haya algunos bolsistas (o tahúres) que no otorguen nada, solo hablen y hablen, como si tuviesen la verdad absoluta y, realmente no conozcan ni una décima parte de lo que exclaman. 

Para no reñir con el autor, pero sí con los lectores, asumiré que nadie tiene ni idea de lo que ocurre o puede ocurrir en este negocio; y que, por lo tanto, lo más aconsejado es analizar lo que dicen unos y otros, entender la noticia que les empuja a hacer lo que hacen y, tomar la decisión que más «coherente» veamos.

Pero, antes de que venga el premio Nobel de Economía, Daniel Kahneman, a decirnos que esto no ocurre así, os explico: en el cerebro, nuestro sistema automático reduce al mínimo el proceso de toma de decisiones. Buscamos atajos mentales que nos ayuden en nuestro proceso de decidir, y esto que acabo de describir dista mucho de ser rápido y sencillo. ¿Eres de los que le da vueltas al coco por una nimiedad? ¡Pues agárrate! (En próximas entradas hablaremos de los sesgos que sufrimos a la hora de invertir).

Ahora bien, tomemos la decisión que sea (más o menos elaborada), De la Vega nos advierte de que no debemos pensar nunca que el precio de una acción es “demasiado alto”, pues ¿qué sabremos nosotros? Además, hay tantos jugadores en Bolsa (que conste que no me gusta denominarlos así) como individuos, y hay que tener muy presente que no es lo mismo hablar de la Bolsa en la Antigüedad que ahora, ya que, cualquiera entra en ella. 

Además, dentro de los tahúres, De La Vega distingue dos tipos: los “liefhebberen” (“amantes” en flamenco) y los “contraminores” [se les llama así porque la India, (que cuando leas el resto de artículos, sabrás que es uno de los motivos que alega el autor para el movimiento de las acciones) se ve como una “mina” y estos parece que buscan que se agote]. O, lo que es lo mismo, puede resumirse en hablar de los que siempre compran (‘bulls’) y los que siempre venden (‘bears’). 

Aunque, el autor viene a defender la posición alcista como panacea general, lo realmente importante es cómo destaca la necesidad de una buena gestión del riesgo. Las victorias en Bolsa deben celebrarse con modestia y decoro, palabras muy grandes para ciertos “jugadores” hogaño. Y sí, aquí los llamo jugadores porque no toman en serio la Bolsa, sino que lo que hacen es jugar con otros que participan en ella. ¿Cómo? Vendiendo «cursos», lecciones, o, si me apuras, el Santo Grial para obtener grandes rentabilidades. 

Se montan unas películas que ni ellos mismos imaginan: te hablan en secreto, “vaticinan cual profetas, advierten como si de un amigo se tratase y te aconsejan como religiosos”. Eso sí, luego no les pidas algo que acredite su buen saber en Bolsa, que te enviarán una cuenta Demo, un ‘myFXbook’, o te dirán que no es posible por tratarse sus estrategias de un (cuasi) Secreto de Estado. 

No necesitais pensar

Como siempre digo, yo no vengo aquí a dar lecciones a nadie, solo a transmitir mi pequeña (pero sincera) experiencia para el que la quiera leer. Sí, se trata de «ser alcista» como dice el autor, pero alcista para saber “cazar” a esta gente que cree tener superpoderes, llevar siempre los ojos bien abiertos y la mente entrenada. Poco destaco la importancia de curtirnos cada vez más en ese terreno tan maravilloso (como desconocido) de la cultura y Educación Financiera. Y, por favor, no pienses que me refiero solo a tener en cuenta las comisiones que un broker o banco nos pueda cobrar, recuerda: abre la mente y entrénala.  

El ejemplo que más me gusta para ilustrar de forma bonita lo que aquí digo es el de Miguel Ángel Buonarroti, que no dejaba de mirar hacia arriba mientras pintaba la Capilla Sixtina. Y, así debemos hacer, no dejar de mirar hacia arriba en ningún momento, para que no nos ocurra como al gigante, que acabó con joroba de tanto hablar con un enano. No perdamos nuestra elegancia (en Bolsa o en la vida) por perder el tiempo con ese enano. Es más, me atrevería a decir que esto podría aplicarse a otros muchos aspectos cotidianos, al menos, en todos aquellos en los que podamos erguir la cabeza con orgullo (no con pedantería, eh). 

Sé alcista, amigo, para poder distinguir al bueno del zorro (y que me perdone el lindo animal), que mientras el primero no hablará de aquello que desconoce ni dará consejo inútil, el segundo te dirá que no quiso alcanzar la manzana porque esta estaba muy verde, cuando en realidad no pudo cogerla porque no alcanzaba. 

En la Bolsa, como en la vida: es necesario ganar, pero más aún, saber arrepentirse.

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Estos días en los que escribo pequeños artículos con toda la sabiduría que consigo extraer del escrito de José De La Vega de 1648, no hago sino engancharme (aún más) a mi trabajo: a las inversiones y la Bolsa. Sea con tahúres, locos o sinvergüenzas, lo que está claro es que es un sitio muy divertido . Hoy, quiero hablarte de lo necesario que es tener la frente en alto y saber cuándo agachar la cabeza.

“¡Tahúres!” Así es como concibe el escritor a la mayoría de personas que invierte en Bolsa, es decir, jugadores astutos y tramposos, algo así a como se ha pintado desde siempre a los especuladores. Lo que no sé es cómo no los ilustra con tres cabezas, cuatro brazos y expulsando fuego por la boca, total, ¿qué se puede esperar de alguien que participa en un negocio tan indigno? (Esta referencia se entenderá mejor tras leer uno de los próximos artículos de esta serie: “Yo nunca invertiría en Bolsa”).

Aunque quizás lleve algo de razón, ya que en la Bolsa tiene mayor efecto la esperanza de lo que ocurrirá que lo que ocurre realmente. Por tanto, no es de extrañar que haya algunos bolsistas (o tahúres) que no otorguen nada, solo hablen y hablen, como si tuviesen la verdad absoluta y, realmente no conozcan ni una décima parte de lo que exclaman. 

Para no reñir con el autor, pero sí con los lectores, asumiré que nadie tiene ni idea de lo que ocurre o puede ocurrir en este negocio; y que, por lo tanto, lo más aconsejado es analizar lo que dicen unos y otros, entender la noticia que les empuja a hacer lo que hacen y, tomar la decisión que más «coherente» veamos.

Pero, antes de que venga el premio Nobel de Economía, Daniel Kahneman, a decirnos que esto no ocurre así, os explico: en el cerebro, nuestro sistema automático reduce al mínimo el proceso de toma de decisiones. Buscamos atajos mentales que nos ayuden en nuestro proceso de decidir, y esto que acabo de describir dista mucho de ser rápido y sencillo. ¿Eres de los que le da vueltas al coco por una nimiedad? ¡Pues agárrate! (En próximas entradas hablaremos de los sesgos que sufrimos a la hora de invertir).

Ahora bien, tomemos la decisión que sea (más o menos elaborada), De la Vega nos advierte de que no debemos pensar nunca que el precio de una acción es “demasiado alto”, pues ¿qué sabremos nosotros? Además, hay tantos jugadores en Bolsa (que conste que no me gusta denominarlos así) como individuos, y hay que tener muy presente que no es lo mismo hablar de la Bolsa en la Antigüedad que ahora, ya que, cualquiera entra en ella. 

Además, dentro de los tahúres, De La Vega distingue dos tipos: los “liefhebberen” (“amantes” en flamenco) y los “contraminores” [se les llama así porque la India, (que cuando leas el resto de artículos, sabrás que es uno de los motivos que alega el autor para el movimiento de las acciones) se ve como una “mina” y estos parece que buscan que se agote]. O, lo que es lo mismo, puede resumirse en hablar de los que siempre compran (‘bulls’) y los que siempre venden (‘bears’). 

Aunque, el autor viene a defender la posición alcista como panacea general, lo realmente importante es cómo destaca la necesidad de una buena gestión del riesgo. Las victorias en Bolsa deben celebrarse con modestia y decoro, palabras muy grandes para ciertos “jugadores” hogaño. Y sí, aquí los llamo jugadores porque no toman en serio la Bolsa, sino que lo que hacen es jugar con otros que participan en ella. ¿Cómo? Vendiendo «cursos», lecciones, o, si me apuras, el Santo Grial para obtener grandes rentabilidades. 

Se montan unas películas que ni ellos mismos imaginan: te hablan en secreto, “vaticinan cual profetas, advierten como si de un amigo se tratase y te aconsejan como religiosos”. Eso sí, luego no les pidas algo que acredite su buen saber en Bolsa, que te enviarán una cuenta Demo, un ‘myFXbook’, o te dirán que no es posible por tratarse sus estrategias de un (cuasi) Secreto de Estado. 

No necesitais pensar

Como siempre digo, yo no vengo aquí a dar lecciones a nadie, solo a transmitir mi pequeña (pero sincera) experiencia para el que la quiera leer. Sí, se trata de «ser alcista» como dice el autor, pero alcista para saber “cazar” a esta gente que cree tener superpoderes, llevar siempre los ojos bien abiertos y la mente entrenada. Poco destaco la importancia de curtirnos cada vez más en ese terreno tan maravilloso (como desconocido) de la cultura y Educación Financiera. Y, por favor, no pienses que me refiero solo a tener en cuenta las comisiones que un broker o banco nos pueda cobrar, recuerda: abre la mente y entrénala.  

El ejemplo que más me gusta para ilustrar de forma bonita lo que aquí digo es el de Miguel Ángel Buonarroti, que no dejaba de mirar hacia arriba mientras pintaba la Capilla Sixtina. Y, así debemos hacer, no dejar de mirar hacia arriba en ningún momento, para que no nos ocurra como al gigante, que acabó con joroba de tanto hablar con un enano. No perdamos nuestra elegancia (en Bolsa o en la vida) por perder el tiempo con ese enano. Es más, me atrevería a decir que esto podría aplicarse a otros muchos aspectos cotidianos, al menos, en todos aquellos en los que podamos erguir la cabeza con orgullo (no con pedantería, eh). 

Sé alcista, amigo, para poder distinguir al bueno del zorro (y que me perdone el lindo animal), que mientras el primero no hablará de aquello que desconoce ni dará consejo inútil, el segundo te dirá que no quiso alcanzar la manzana porque esta estaba muy verde, cuando en realidad no pudo cogerla porque no alcanzaba. 

En la Bolsa, como en la vida: es necesario ganar, pero más aún, saber arrepentirse.

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3 comentarios

  1. Genial artículo Elvira. Es cierto que pasamos demasiado tiempo viendo los enanos. Siempre he defendido la Elegancia en todos los ámbitos de la vida, sobre todo en el saber y conocimiento. No tengo conocimientos sobre bolsa, aunque me fascina todo lo relacionado con la economía, y como no, la economía conductual. Seguro que a través de tus artículos me ilustraré bien. Estoy finalizando como te dije el curso experto en análisis de inteligencia donde ahora estoy con el tema de los heurísticos mentales y sesgos cognitivos. Después voy a realizar otro curso sobre un tema que me encanta y es la Inteligencia Competitiva e Innovación. Gracias.
    Un saludo.

    1. Gracias por el comentario, Javier.
      Como bien dices, la elegancia debe demostrarse en lo que se conoce, pero, sobre todo, en lo que se desconoce. Mi intención con artículos como este es hacer una llamada a la crítica y que nos cuestionemos más lo que se nos pinta como “lo mejor del mundo”, que, por desgracia he visto cómo pasa factura muchas veces.
      ¡Mucho ánimo con los cursos que tienes entre manos! Cualquier aportación que puedas extraer de ello será bienvenida.
      Un saludo,
      Elvira

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