Ahora solo importan los eslóganes, la etiqueta, lo que se aparenta por aquello del “qué dirán”. Y no, no hablo de las redes sociales, que no es ninguna novedad desde hace años, sino de la de excusas que han salido “en favor del medioambiente” y otros temas «incuestionables» en la sociedad que estamos creando.

Porque cuestionar cualquier cosa en torno a ellos te convierte en lo peor, en un ser despreciable, una mala persona, y un sinfín de calificativos más. Y con «cuestionar» me refiero a no creerse todo lo que cuentan a pies juntillas y tener criterio propio, por eso de pensar vaya.

Actualmente he estado sacando tiempo para poder pasarme algún día por los concesionarios de coches en busca de uno nuevo. Es algo que me cuesta bastante ya que no entiendo de coches más allá del que me gusta o no me gusta, y porque siendo comercial, no me gusta nada alguna que otra cosa que veo en estos sitios, pero ese es otro tema.

La cuestión es que en mi continuo debate entre elegir un Diésel o Gasolina o Híbrido o cualesquiera cientos de tipos de variedades que existen en el mercado, y la cantidad de problemas que existen actualmente en el mercado de los automóviles por falta de chips, retrasos en las entregas, no poder crear el coche a tu gusto sino lo que la fábrica te permita, etc. Hace un tiempo pregunté por un modelo y me dijeron que solo habría disponibilidad de que fuese Diesel (a menos si quería tener la posibilidad de recibirlo antes de acabar el año 2022). 

Le comenté al comercial que me preocupaba, en cierto modo, que fuese Diesel con toda la mala prensa que han tenido (más o menos justificada al compararlo con otros y sin hablar de lo que desconozco). Y el comercial, muy claro y directo, he de destacar, me dijo que es cierto que no se sabe para dónde tornarán las cosas en los próximos años: “Ahora el demonio son los Diesel, el año que viene vete tú a saber, lo mismo son los más queridos”.

Cierto, razoné. El problema principal es que yo vivo en Madrid, y con el tema de las restricciones de movilidad y demás, no quiero comprarme un coche con el que luego vaya a tener más problemas de movilidad que el Comecocos. 

Después de un rato debatiendo sobre ello, miró la ficha técnica y vio que la etiqueta de ese modelo que estábamos configurando sería una etiqueta “ECO”. “¿Cómo puede ser?” – le pregunté sorprendida (a la par que contenta). Resulta que tenía una ínfima parte de motor híbrido (que no le servía para nada y que lo seguía catalogando de Diesel puro) pero que, con eso, ya podía contar con una etiqueta “ECO”, con las ventajas que eso sabemos que supone a nivel de movilidad y estacionamiento. 

Después de la sorpresa, miró un modelo claramente superior, tanto que tiene más de 600 caballos, y oh sorpresa, cuenta con etiqueta “ECO”. ¡ECO más de 600 caballos de motor! ¿En qué mundo vivimos? ¿Un acelerón de ese coche no superaría los umbrales marcados de contaminación? Despeinaría al que viviese 10 calles más lejos.

Vivimos en un mundo de apariencias, de bien-quedismo, de decir que algo nos importa (pero solo un rato), de buscar la trampa siempre para beneficiar a los interesados.

Bien quedismo
Viñeta de ‘La voz del Sur’

 

Y no, el interesado aquí no es el señor que se compra esa preciosidad de coche, los beneficiarios son aquellos que nos hablan de cómo debe importarnos el medio ambiente y la concienciación social, y los que nos imponen medidas “claramente por nuestro bienestar”, pero que luego sus estándares se pueden poner a la altura del betún dependiendo de dónde esté el interés económico o político

Qué vergüenza damos, y qué poquito nos queremos.

Pero qué bien nos queda dar el golpe sobre la mesa diciendo cuánto nos importan las generaciones futuras: a las que buscamos crear bajo el engaño, el aparentar y el bien-quedismo

Nunca me ha gustado llevarme bien con todo el mundo, sí respetar a todo el mundo, pero no que todos me tengan que caer bien y, por ende, no tener que caerle bien a todos. Si en algún momento me toca enseñarle esto a alguien así lo haré, el bien-quedismo se lo dejo a los pobres de espíritu que se ridiculizan más a medida que abren la boca. 

Una cuestión importante importa siempre, no solo cuando viene bien.

Ahora solo importan los eslóganes, la etiqueta, lo que se aparenta por aquello del “qué dirán”. Y no, no hablo de las redes sociales, que no es ninguna novedad desde hace años, sino de la de excusas que han salido “en favor del medioambiente” y otros temas «incuestionables» en la sociedad que estamos creando.

Porque cuestionar cualquier cosa en torno a ellos te convierte en lo peor, en un ser despreciable, una mala persona, y un sinfín de calificativos más. Y con «cuestionar» me refiero a no creerse todo lo que cuentan a pies juntillas y tener criterio propio, por eso de pensar vaya.

Actualmente he estado sacando tiempo para poder pasarme algún día por los concesionarios de coches en busca de uno nuevo. Es algo que me cuesta bastante ya que no entiendo de coches más allá del que me gusta o no me gusta, y porque siendo comercial, no me gusta nada alguna que otra cosa que veo en estos sitios, pero ese es otro tema.

La cuestión es que en mi continuo debate entre elegir un Diésel o Gasolina o Híbrido o cualesquiera cientos de tipos de variedades que existen en el mercado, y la cantidad de problemas que existen actualmente en el mercado de los automóviles por falta de chips, retrasos en las entregas, no poder crear el coche a tu gusto sino lo que la fábrica te permita, etc. Hace un tiempo pregunté por un modelo y me dijeron que solo habría disponibilidad de que fuese Diesel (a menos si quería tener la posibilidad de recibirlo antes de acabar el año 2022). 

Le comenté al comercial que me preocupaba, en cierto modo, que fuese Diesel con toda la mala prensa que han tenido (más o menos justificada al compararlo con otros y sin hablar de lo que desconozco). Y el comercial, muy claro y directo, he de destacar, me dijo que es cierto que no se sabe para dónde tornarán las cosas en los próximos años: “Ahora el demonio son los Diesel, el año que viene vete tú a saber, lo mismo son los más queridos”.

Cierto, razoné. El problema principal es que yo vivo en Madrid, y con el tema de las restricciones de movilidad y demás, no quiero comprarme un coche con el que luego vaya a tener más problemas de movilidad que el Comecocos. 

Después de un rato debatiendo sobre ello, miró la ficha técnica y vio que la etiqueta de ese modelo que estábamos configurando sería una etiqueta “ECO”. “¿Cómo puede ser?” – le pregunté sorprendida (a la par que contenta). Resulta que tenía una ínfima parte de motor híbrido (que no le servía para nada y que lo seguía catalogando de Diesel puro) pero que, con eso, ya podía contar con una etiqueta “ECO”, con las ventajas que eso sabemos que supone a nivel de movilidad y estacionamiento. 

Después de la sorpresa, miró un modelo claramente superior, tanto que tiene más de 600 caballos, y oh sorpresa, cuenta con etiqueta “ECO”. ¡ECO más de 600 caballos de motor! ¿En qué mundo vivimos? ¿Un acelerón de ese coche no superaría los umbrales marcados de contaminación? Despeinaría al que viviese 10 calles más lejos.

Vivimos en un mundo de apariencias, de bien-quedismo, de decir que algo nos importa (pero solo un rato), de buscar la trampa siempre para beneficiar a los interesados.

Bien quedismo
Viñeta de ‘La voz del Sur’

 

Y no, el interesado aquí no es el señor que se compra esa preciosidad de coche, los beneficiarios son aquellos que nos hablan de cómo debe importarnos el medio ambiente y la concienciación social, y los que nos imponen medidas “claramente por nuestro bienestar”, pero que luego sus estándares se pueden poner a la altura del betún dependiendo de dónde esté el interés económico o político

Qué vergüenza damos, y qué poquito nos queremos.

Pero qué bien nos queda dar el golpe sobre la mesa diciendo cuánto nos importan las generaciones futuras: a las que buscamos crear bajo el engaño, el aparentar y el bien-quedismo

Nunca me ha gustado llevarme bien con todo el mundo, sí respetar a todo el mundo, pero no que todos me tengan que caer bien y, por ende, no tener que caerle bien a todos. Si en algún momento me toca enseñarle esto a alguien así lo haré, el bien-quedismo se lo dejo a los pobres de espíritu que se ridiculizan más a medida que abren la boca. 

Una cuestión importante importa siempre, no solo cuando viene bien.

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