Ahora que tenemos más confianza, he de contaros algo que me ha ayudado más de lo que yo creo: las sensaciones que me entran al conocer un nuevo negocio o persona. No voy a hablar de auras ni cosas místicas, porque las desconozco totalmente, pero sí de cómo me suele decir mi socio que parece que tengo una bola de cristal. ¡Ojo! No sé si la tengo o no, pero para saber qué acciones suben o bajan desde luego que no, que algo de bruja puedo tener, pero de fantasma y vende-humos nada.

Viñeta de Quino

Hace unas semanas, estaba haciendo la compra en el Carrefour, cuando mi socio me llamó realmente entusiasmado por un nuevo negocio que le habían contado: “Imagínate, puede ser la bomba”, me decía. 

Ñe, no me gustó el planteamiento, parecía demasiado bonito para ser cierto, pero bueno, había que pararse a verlo mejor, porque peco de realismo, y eso muchas veces, para el resto de humanos se traduce en “pesimismo”. Así que, al día siguiente, en la oficina, me contó todo lo que le habían propuesto. 

Ñe, seguía sin darme buena sensación, pero aun así, empiezo a dedicar varias horas de mis días a buscar información sobre la propuesta, demasiado ambiciosa y genial para ser cierta, pero démosle un voto de confianza, pensé. Hasta nos reunimos con su Director, equipo,…

Total, que en uno de los momentos clave de la reunión digo: “Creo que deberíamos hablar, vamos a tomarnos una Coca-Cola y hablamos los dos solos”. Aclaro: Coca-Cola porque él es un intento de moderno que se queda en eso, “intento”: lleva usando pitillos cinco meses, pero antes me veía llevar pantalones con el tobillo al aire y se reía de mí, decía eso de no entender pasar frío en invierno por gusto; ahora el que los lleva es él, y aunque se une a las modas con cierto retardo y gracias a que su avanzada edad le hace sentirse mayor, es un tío enrollao.

Bueno, que me enrollo yo, al caso: cuando fuimos al bar le dije que no me estaba gustando nada el proyecto, había cosas que no sabía explicar muy bien pero me hacían desconfiar. Siempre añado algún “pero”, porque no quiero condicionar según mi opinión, pero aquí ya no cabían medias tintas. 

Al final, bastó un par de gestos más por parte de los allí reunidos para que termináramos de saber que ahí no queríamos estar nosotros. Al terminar la reunión e irnos a comer, encontramos más información en internet que claramente corroboró nuestra opinión (objetivamente hablando, no por vernos influenciados por ningún sesgo de confirmación, eh) y me dijo aquello de: “Es que no fallas, eh, tienes una bola de cristal para estas cosas”. 

Yo, en su defecto, pensé: “Cómo mola saber distinguir un negocio sano de otro que no lo es, eso no lo hacen solo las sensaciones o la experiencia, sino el conocer y pegarse alguna que otra hos*ia”. Eso sí, mejor que la hos*ia sea en algo más pequeño, porque si no, puede salir hasta en los periódicos.

Igual pasa con las inversiones, habrá quien te pinte todo de color de rosa y te prometa el oro y el moro, por ejemplo así:

  • “Con unos eurillos conseguirás un sueldo Nescafé para toda la vida”.
  • “Soy un crack, tengo una cuenta gestionada y voy un 30% arriba”.
  • “¿Quieres hacerte rico en una semana? Invierte conmigo”.

Y más eslóganes ridículos que serían hasta graciosos si no hubiese gente que cayese en ellos. Si no quieres que te pase algo así, habla con gente que se tome en serio su trabajo y, por supuesto, el dinero de los demás. No te diré dónde invertir, pero sí te daré las claves para poder hacerlo en una entidad fiable y donde no te prometan más que lo que necesitas: un broker que solo sea una herramienta para tus inversiones, sin más parafernalia.

Gato y escoba tengo, la bola de cristal sigue en el taller.

Ahora que tenemos más confianza, he de contaros algo que me ha ayudado más de lo que yo creo: las sensaciones que me entran al conocer un nuevo negocio o persona. No voy a hablar de auras ni cosas místicas, porque las desconozco totalmente, pero sí de cómo me suele decir mi socio que parece que tengo una bola de cristal. ¡Ojo! No sé si la tengo o no, pero para saber qué acciones suben o bajan desde luego que no, que algo de bruja puedo tener, pero de fantasma y vende-humos nada.

Mafalda1

Viñeta de Quino

Hace unas semanas, estaba haciendo la compra en el Carrefour, cuando mi socio me llamó realmente entusiasmado por un nuevo negocio que le habían contado: “Imagínate, puede ser la bomba”, me decía. 

Ñe, no me gustó el planteamiento, parecía demasiado bonito para ser cierto, pero bueno, había que pararse a verlo mejor, porque peco de realismo, y eso muchas veces, para el resto de humanos se traduce en “pesimismo”. Así que, al día siguiente, en la oficina, me contó todo lo que le habían propuesto. 

Ñe, seguía sin darme buena sensación, pero aun así, empiezo a dedicar varias horas de mis días a buscar información sobre la propuesta, demasiado ambiciosa y genial para ser cierta, pero démosle un voto de confianza, pensé. Hasta nos reunimos con su Director, equipo,…

Total, que en uno de los momentos clave de la reunión digo: “Creo que deberíamos hablar, vamos a tomarnos una Coca-Cola y hablamos los dos solos”. Aclaro: Coca-Cola porque él es un intento de moderno que se queda en eso, “intento”: lleva usando pitillos cinco meses, pero antes me veía llevar pantalones con el tobillo al aire y se reía de mí, decía eso de no entender pasar frío en invierno por gusto; ahora el que los lleva es él, y aunque se une a las modas con cierto retardo y gracias a que su avanzada edad le hace sentirse mayor, es un tío enrollao.

Bueno, que me enrollo yo, al caso: cuando fuimos al bar le dije que no me estaba gustando nada el proyecto, había cosas que no sabía explicar muy bien pero me hacían desconfiar. Siempre añado algún “pero”, porque no quiero condicionar según mi opinión, pero aquí ya no cabían medias tintas. 

Al final, bastó un par de gestos más por parte de los allí reunidos para que termináramos de saber que ahí no queríamos estar nosotros. Al terminar la reunión e irnos a comer, encontramos más información en internet que claramente corroboró nuestra opinión (objetivamente hablando, no por vernos influenciados por ningún sesgo de confirmación, eh) y me dijo aquello de: “Es que no fallas, eh, tienes una bola de cristal para estas cosas”. 

Yo, en su defecto, pensé: “Cómo mola saber distinguir un negocio sano de otro que no lo es, eso no lo hacen solo las sensaciones o la experiencia, sino el conocer y pegarse alguna que otra hos*ia”. Eso sí, mejor que la hos*ia sea en algo más pequeño, porque si no, puede salir hasta en los periódicos.

Igual pasa con las inversiones, habrá quien te pinte todo de color de rosa y te prometa el oro y el moro, por ejemplo así:

  • “Con unos eurillos conseguirás un sueldo Nescafé para toda la vida”.
  • “Soy un crack, tengo una cuenta gestionada y voy un 30% arriba”.
  • “¿Quieres hacerte rico en una semana? Invierte conmigo”.

Y más eslóganes ridículos que serían hasta graciosos si no hubiese gente que cayese en ellos. Si no quieres que te pase algo así, habla con gente que se tome en serio su trabajo y, por supuesto, el dinero de los demás. No te diré dónde invertir, pero sí te daré las claves para poder hacerlo en una entidad fiable y donde no te prometan más que lo que necesitas: un broker que solo sea una herramienta para tus inversiones, sin más parafernalia.

Gato y escoba tengo, la bola de cristal sigue en el taller.

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