Con esta tercera parte completamos la lista sobre sesgos de los que adolecemos los seres humanos a la hora de invertir que venimos desarrollando. Ojo, no porque no existan más, porque entonces tendríamos una historia interminable, sino porque queremos llegar a la cuarta parte, la última, en la que hablaremos sobre cómo podemos reducirlos para que nuestras inversiones sean si no más eficaces, al menos, más nuestras y menos influenciadas por factores que no controlamos. Los tres sesgos de los que hablamos hoy son:
 

1. Efecto Halo: tendencia a realizar una generalización errónea basándonos en una sola característica o cualidad de una persona, institución u objeto. Podríamos resumirlo en que: tendemos a realizar un juicio previo a través de una característica que nos sirve para generalizar todo acerca de esa persona, institución u objeto. 

Piensa, por ejemplo, ¿cuántas veces has invertido en una empresa por el mero hecho de haber presentado buenos resultados? Ese único dato no refleja la calidad real de esa empresa, solo te da una información concreta que no debería servirte para decidir invertir o no. 

Y con las personas ocurre exactamente igual, si un gestor cualquiera tiene la suerte de caer en gracia (por su atractivo, sus ponencias o cualquier otra cuestión subjetiva) hará que veas con buenos ojos el producto que ofrece, sin pararte a pensar si cumple tus requisitos de inversión ni si el riesgo asociado va contigo (puede verse relacionado con el sesgo de autoridad). 

2. Efecto de prueba social: se trata de la tendencia a imitar las acciones de los demás. Suele darse, entre otras cosas, cuando no tenemos bien definido nuestro pensamiento y nos dejamos guiar por el comportamiento del resto. 

Oh, dichosa tendencia hacia la mayoría, ¿qué de bueno trae esto? Poco, la verdad. No nos cansamos de decir que lo que es bueno para tu vecino (broker, producto de inversión, estrategia, etc.) no tiene por qué ser bueno para ti.

Es uno de los sesgos que más sufrimos en general en todo lo que hacemos en nuestro día a día, quizás por el gran peso que se ha pretendido dar siempre a la opinión mayoritaria, véase con el ejemplo de los regímenes de gobierno aceptados: la democracia, verbigracia, se sustenta en la opinión de la mayoría, ¿pero esto es siempre beneficioso desde un punto de vista individual? Desde luego, en tema de inversiones no, el político lo dejamos para otra sección.

3. Sesgo de contabilidad mental: a la hora de gastar nuestro dinero damos importancia a criterios como: de dónde procede dicho dinero o a dónde lo estamos destinando

Pero, ¿no tiene el mismo valor un euro venga de un premio de lotería o de nuestro trabajo? En teoría, sí, en la práctica, no. Nuestro cerebro interpreta de forma diferente esas dos ganancias, tendiendo a ser el dinero ganado en lotería el más sencillo de gastar, es decir, que “nos importa menos”.  

Esto pasa mucho en las cuentas de trading con el propio dinero del inversor, cuando este tiene ganancias, suele reinvertirlas sin tanto cuidado como cuando partió de cero, ya que “como mantiene su saldo”, le da igual lo que pueda ocurrir con lo que ha ganado haciendo trading. Y con esto hay que tener verdadero cuidado si no queremos dejar la cuenta mucho peor de lo que empezó. 

Con estas reflexiones no pretendo que seas una especie de máquina a la hora de tomar decisiones en materia de inversión (te adelanto que es imposible), sino que trates de ver un poco más allá, de no dejarte influenciar tanto por estas limitaciones que solo nos hacen ser menos racionales.

Lo que trae a colación a un pensador italiano que hablaba de cómo Cada uno ve lo que pareces, pero pocos saben lo que realmente eres. En la época de Maquiavelo no se hablaba de los sesgos o limitaciones del individuo con el conocimiento actual, pero ya existían y, de una forma u otra, buscaban reducirlos.

Delito tiene que no lo hagamos en pleno siglo XXI.

Viñeta de Forges
Sesgos Comparador de Broker 2
Con esta tercera parte completamos la lista sobre sesgos de los que adolecemos los seres humanos a la hora de invertir que venimos desarrollando. Ojo, no porque no existan más, porque entonces tendríamos una historia interminable, sino porque queremos llegar a la cuarta parte, la última, en la que hablaremos sobre cómo podemos reducirlos para que nuestras inversiones sean si no más eficaces, al menos, más nuestras y menos influenciadas por factores que no controlamos. Los tres sesgos de los que hablamos hoy son:
 

1. Efecto Halo: tendencia a realizar una generalización errónea basándonos en una sola característica o cualidad de una persona, institución u objeto. Podríamos resumirlo en que: tendemos a realizar un juicio previo a través de una característica que nos sirve para generalizar todo acerca de esa persona, institución u objeto. 

Piensa, por ejemplo, ¿cuántas veces has invertido en una empresa por el mero hecho de haber presentado buenos resultados? Ese único dato no refleja la calidad real de esa empresa, solo te da una información concreta que no debería servirte para decidir invertir o no. 

Y con las personas ocurre exactamente igual, si un gestor cualquiera tiene la suerte de caer en gracia (por su atractivo, sus ponencias o cualquier otra cuestión subjetiva) hará que veas con buenos ojos el producto que ofrece, sin pararte a pensar si cumple tus requisitos de inversión ni si el riesgo asociado va contigo (puede verse relacionado con el sesgo de autoridad). 

2. Efecto de prueba social: se trata de la tendencia a imitar las acciones de los demás. Suele darse, entre otras cosas, cuando no tenemos bien definido nuestro pensamiento y nos dejamos guiar por el comportamiento del resto. 

Oh, dichosa tendencia hacia la mayoría, ¿qué de bueno trae esto? Poco, la verdad. No nos cansamos de decir que lo que es bueno para tu vecino (broker, producto de inversión, estrategia, etc.) no tiene por qué ser bueno para ti.

Es uno de los sesgos que más sufrimos en general en todo lo que hacemos en nuestro día a día, quizás por el gran peso que se ha pretendido dar siempre a la opinión mayoritaria, véase con el ejemplo de los regímenes de gobierno aceptados: la democracia, verbigracia, se sustenta en la opinión de la mayoría, ¿pero esto es siempre beneficioso desde un punto de vista individual? Desde luego, en tema de inversiones no, el político lo dejamos para otra sección.

3. Sesgo de contabilidad mental: a la hora de gastar nuestro dinero damos importancia a criterios como: de dónde procede dicho dinero o a dónde lo estamos destinando

Pero, ¿no tiene el mismo valor un euro venga de un premio de lotería o de nuestro trabajo? En teoría, sí, en la práctica, no. Nuestro cerebro interpreta de forma diferente esas dos ganancias, tendiendo a ser el dinero ganado en lotería el más sencillo de gastar, es decir, que “nos importa menos”.  

Esto pasa mucho en las cuentas de trading con el propio dinero del inversor, cuando este tiene ganancias, suele reinvertirlas sin tanto cuidado como cuando partió de cero, ya que “como mantiene su saldo”, le da igual lo que pueda ocurrir con lo que ha ganado haciendo trading. Y con esto hay que tener verdadero cuidado si no queremos dejar la cuenta mucho peor de lo que empezó. 

Con estas reflexiones no pretendo que seas una especie de máquina a la hora de tomar decisiones en materia de inversión (te adelanto que es imposible), sino que trates de ver un poco más allá, de no dejarte influenciar tanto por estas limitaciones que solo nos hacen ser menos racionales.

Lo que trae a colación a un pensador italiano que hablaba de cómo Cada uno ve lo que pareces, pero pocos saben lo que realmente eres. En la época de Maquiavelo no se hablaba de los sesgos o limitaciones del individuo con el conocimiento actual, pero ya existían y, de una forma u otra, buscaban reducirlos.

Delito tiene que no lo hagamos en pleno siglo XXI.

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